lunes, 5 de mayo de 2014

MAYO 2014. INICIO. Villa Solana, años atrás: A sus dieciséis años, Bruno De Maris es un excelente músico que domina cuatro instrumentos y tiene una particular fascinación por el piano, instrumento con el que se desahoga pues es un niño callado, taciturno. Vive en un internado, en el extranjero, donde ha sido educado con otros niños de la mejor alcurnia mundial. Es en ese internado donde ha conocido a David Santasti, su mejor amigo, quien aunque no gusta de la música como Bruno, si ha resultado ser un gran científico. Ambos chicos se prometen que siempre serán amigos y mientras David lamenta que se aproximen las vacaciones, Bruno solo espera el día en que pueda regresar a casa para estar al lado de sus padres. Y ese día llega. Bruno regresa a México y es recogido en el aeropuerto por Félix, el sensual trabajador de la finca que habitan sus padres, a los que se alegra de ver. Ana María, la madre, besa y abraza con gusto a su hijo, feliz de que éste haya vuelto, pero no así Rafael, quien es severo con su hijo y solo está interesado en que éste mejore musicalmente, por lo que de inmediato lo pone a prueba al piano, causándole nerviosismo que hace que Ana María discuta con su marido, a quien reprocha el ser tan duro con el pequeño Bruno, quien los escucha en silencio y llora a solas, pues por más que trata de hacer lo mejor sus padres siempre terminan peleando. Desde la ventana de su habitación observa a Félix, quien se baña al aire libre, semi desnudo, para calmar el calor para después hablar con un hombre que se acerca y le entrega algo para después marcharse. Félix se da cuenta de que Bruno lo ha visto, mas hace como si no le importara, mientras que el pequeño vuelve a su piano, el cuál toca mejor que nunca aunque a Rafael no le parece suficiente. El teléfono suena y tanto Bruno como Ana María sienten terror de contestar pero el hombre lo hace y discute a lo lejos. Cuelga y vuelve al lado de su esposa, a la que, preocupado, le dice que han vuelto a llamar para amenazarlo. Ana María toma en sus brazos a Bruno y exige a Rafael que haga algo pues teme por la sguridad y la vida de su hijo. Rafael sale de la hacienda, pues debe resolver un problema, y mientras Bruno juega en los alrededores, Ana María se refugia en los brazos de Félix, su amante, al cuál confiesa cada día estar más enganchada a él y harta de lidiar con Rafael, a quien solamente le importa la música con la que ha obligado a su hijo a seguir sus pasos. Félix le hace el amor a la mujer y le promete que pronto estarán juntos. No se dan cuenta de que han sido vistos por Bruno, quien tras verlos corre a esconderse en las afueras, sin percatarse de que una tormenta se avecina, mientras que Rafael regresa a casa y le dice a Ana María que ha juntado el dinero que le pidieron pero que teme a que las cosas salgan mal. Esa misma noche, bajo una fuerte tormenta, a la finca se dirigen unos malhechores que penetran en ella sigilosamente, mientras todos duermen. Ni Ana María ni Rafael se percatan de que Bruno no se encuentra en el lugar, si no afuera, en el campo, aunque la tormenta le hace regresar. Se lleva una fatal impresión al escuchar ruidos y a sus padres gritando pues los malhechores los han amarrado y a la mujer la violan. Bruno logra distinguir un tatuaje en el brazo del hombre, mismo que con un arma de fuego asesina a su madre y después le pega un tiro a su padre, arrancándoles así la vida. Nadie se percata de la presencia del niño, quien al saberse solo sale en busca de Félix pero no lo encuentra por lo que vuelve a casa donde anonadado se acerca a los cuerpos de sus padres y llora ante ellos, guardando en su mente el tatuaje en el brazo del hombre que los asesinó.

ÉPOCA ACTUAL: Suena una alarma y Bruno despierta mojado en sudor, asustado, pues en sus pesadillas ha visto al hombre del tatuaje pero no le ha distinguido el rostro. Decide tomar un baño y sale, presentándose a los ensayos de lo que será su próximo concierto, pues es un reconocido concertista. A esos ensayos se presenta el joven investigador Francisco Guzmán, mismo que le informa que, aunque está interesado, el caso del asesinato de sus padres se ha cerrado por falta de pruebas y la desaparición del presunto asesino, al que se ha dado por desaparecido. Bruno se llena de rabia pues a él le interesa saber quien fue el asesino, ya que está seguro de que aunque Félix pudo ser el autor intelectual el ejecutor fue otro. Le explican que han pasado más de veinte años y nada se ha resuelto, como si se tratara de un crimen perfecto. Una llamada telefónica termina con la conversación, pues Bruno sale de inmediato y toma un vuelo a Villa Solana para presentarse al funeral de la madre de David, quien presenta a Bruno con una amiga y admiradora de su obra musical: Larisa Espejel, una rebelde pintora recién llegada a la ciudad y que es sufrible presa de las preocupaciones de Nina, su madre, quien no aprueba el carácter rebelde de su hija ni que ésta no se tome en serio la vida ni desee casarse y formar una familia.

Bruno se acerca a la vieja finca de sus padres, misma a la que se niega a entrar a pesar que David lo incita. Los muchachos hablan de lo ocurrido en el pasado y del trauma éste provocó a Bruno, quien tuvo que vivir hasta su mayoría de edad en una institución. Los hombres se reúnen en un café de arte con Larisa, quien no deja de mostrar interés hacia Bruno.

Guzmán no deja de observar el tatuaje descrito por Bruno y habla con su superior para que lo envíen a Villa Solana, pues desea investigar. El superior se niega en un principio pero ante la insistencia del hombre habla con sus contactos y lo envía. Al llegar al lugar, Guzmán habla con el comandante Luis Méndez, sobre el caso cerrado de un asesinato que a él lo ha intrigado desde que comenzó a trabajar en él. Méndez asegura que a él lo intrigó por mucho tiempo. Muestra el arma con la que el matrimonio De Maris fue asesinado, así como una fotografía del presunto culpable: Félix Rojo, quien desapareció completamente tras el crimen. Ambos deciden investigar por su cuenta para poder reabrir el caso y dar con el asesino.

Bruno regresa a la ciudad a dar su concierto. Mientras toca, por su mente pasan pasajes del asesinato de sus padres. La gente lo nota nervioso, asustado. El hombre termina el concierto antes de tiempo y se refugia en su representante, Isabella Loredo, quien se alarma por el estado del hombre, el cuál, al estar en casa, se atormenta por la muerte de sus padres y confiesa por teléfono a la mujer que quizás nunca superará lo que pasó. Al colgar recibe la llamada de Guzmán, quien le promete que aunque el caso de la muerte de sus padres esté cerrado él seguirá investigando.

Larisa confiesa a David sentirse demasiado atraída a Bruno, así como ser admiradora de sus obras musicales. Se dispone a conquistarlo, aunque al llegar a casa tiene un altercado con Nina y Ricardo sus padres, quienes insisten en hacer que su hija acepte los cortejos de Pablo Quintana, el heredero de una gran fortuna agrónoma, mismo al que todos en el pueblo han rechazado, retirándole el habla, menos ella, quien ha dado respuestas negativas a sus proposiciones de amor infinidad de veces pero él no pierde las esperanzas. Hablan de cómo se conocen desde niños y cómo él quedó huérfano y al cuidado de su abuela, doña Enedina, la cual sueña con verlo casado pero no con Larisa, a la que rechaza por ser liberal y alegre, todo lo contrario a lo que es una señora. Larisa se sincera con Pablo y le dice que se ha enamorado de un hombre al que ha acabado de conocer. El muchacho, lleno de tristeza, piensa en soledad en su pequeño rancho. Enedina nota que se trata de mal de amores y le aconseja que se olvide de Larisa, la cuál lo ha seducido como el diablo, atrayéndolo con la carne, para luego patearlo como a un perro. Pablo lamenta no tener cerca a sus padres y la anciana lamenta que su hija haya muerto de dolor por el abandono y culpa del padre del muchacho, quien le pide que calle y no lo atormente más, pero la fastidiosa Enedina no se detiene y lo atormenta con dolorosos recuerdos del pasado.

La bella Adirane Cravioto tiene una relación que sobrepasa la amistad con Bruno, con quien jamás ha formalizado nada. Al enterarse de su malestar, acude a él y pasan tiempo juntos. Ella le propone que vivan juntos y la deje cuidarlo pero él no está interesado en el matrimonio ni vivir con nadie. La chica se desahoga con Isabella, quien le hace ver que el músico nunca se apartará de los traumas de su pasado y jamás permitirá que alguien intervenga en su privacidad, por lo que aconseja a la muchacha que no lo presione y siga con él como hasta ahora o, de lo contrario, intenta cumplir sus sueños al lado de alguien más, mientras que él hombre solo piensa en la vieja finca de sus padres, a la que jamás regresó, y habla con Simona, a la que ele pide consejo. Esta le aconseja que descanse tras su último concierto y vuelva al lugar que lo marcó de por vida, pues solo así quizás pueda recordar el rostro del hombre que asesinó a sus padres y pueda vivir tranquilo. Él lo discute con Isabella, quien se niega a aceptar que el artista quiera terminar su extensa gira de conciertos. Ambos discuten por esto pero Bruno tiene la última palabra y decide que se tomará un descanso. Esto hace que Isabella se ponga en contacto con Waldo Travernier, el psiquiatra del músico, quien visita a éste para hacerle entender que solo está siendo presa de sus recuerdos, como muchas otras veces en el pasado. Bruno confiesa al psiquiatra que nunca estará tranquilo hasta no descubrir la verdad, pues a diferencia de muchos más que han experimentado lo mismo, él no puede vivir tranquilo ni dejar de sentir culpa por lo que sucedió. Es entonces que el doctor habla con Isabella y la entera de que Bruno está teniendo una nueva crisis y en realidad necesita reposo. La representante, sin embargo, no cancela los contratos, segura de que todo pasará pronto y el músico querrá realizar los conciertos.

David siempre ha estado enamorado en silencio de Adirane, sin embargo lo calla por ser ésta la mujer de su mejor amigo. En una visita a la ciudad, la escucha quejarse de la negación de Bruno para que estén juntos. Él le aconseja lo mismo que Isabella y le asegura que tal vez haya otro hombre esperando por ella, dispuesto a todo con tal de hacerla feliz. Adirane sospecha del amor de David, pero se niega a aceptarlo.

Al paso de unos días Guzmán no logra encontrar pistas en Villa Solana pues nadie parece recordar el terrible suceso de hace tantos años. Curiosamente se topa con Enedina, quien le dice que ella recuerda muy bien lo que sucedió pues junto con la tragedia a su familia llegó la desgracia con la desaparición de su yerno, Félix Quintero, a quienes todos en el lugar conocían como Félix Rojo debido a que el hombre usaba su apellido materno. Con esta información, Guzmán decide empezar una nueva búsqueda y al enterarse de la crisis de Bruno vuelve a la ciudad, donde informa a éste que durante años han buscado al hombre incorrecto, por lo que la investigación podría ser reabierta y tanto Félix como el asesino de sus padres pueden estar vivos, en alguna parte. Bruno sin embargo pasa por un terrible momento y toma la decisión de abandonar la ciudad para pasar una temporada en la finca de sus padres, tal como se lo aconsejó David, por lo que de noche, aprovechando la lluvia, decide hablar seriamente con Isabella. Al salir de casa se lleva una fuerte impresión al caminar y darse cuenta de que un hombre lo sigue. Ese hombre lo persigue hasta cazarlo y ambos pelean. Bruno se defiende y al arrancarle una manga en su brazo ve el tatuaje del mismo hombre que asesinó a sus padres. El asesino se da cuenta de ello y huye sin que Bruno le pueda distinguir el rostro. Intenta ser ayudado por gente que se la acerca pero rechaza toda ayuda y camina hacia la oficina de Isabella, a la que sorprende negociando más conciertos. Discute con ella y le ordena que cancele todas sus fechas pues ha decidido dejar la ciudad y alejarse de la música un tiempo. Isabella se niega e intenta hacerle ver que ambos perderán credibilidad y mucho dinero pero a Bruno nada de eso le importa. Entonces Isabella, molesta, le reclama todo cuanto ha hecho por él y su carrera desde que lo descubrió tocando en bares y cantinas en los que nadie notaba su talento. Él le recuerda que se lo pagó muy bien, pies mientras el resto de la gente lo descubría musicalmente ella lo descubrió en la cama, donde se cobró todos sus favores. Isabella lo abofetea y le jura que cancelará los conciertos pero también dejará de ser su representante. Él, cansado, decide dejarla hacer lo que quiera, por lo que ella, tras reclamarle y exigirle que le devuelva todo lo que ha gastado en él, lo echa, sin percatarse ambos de que están siendo vigilados. Bruno se marcha no sin antes ser amenazado por la representante, quien le jura que destruirá su carrera tal y como un día se la construyó. Enfurecida, al quedar sola la mujer no hace más que cancelar fechas. Jura que Bruno se las pagará por las perdidas que le genere. De pronto es sorprendida de espaldas por el asesino, quien intenta asfixiarla. Ella lucha, resistiéndose, pero él es más fuerte y toma un lapicero del escritorio y e lo clava en la yugular. La mujer convulsiona hasta perder la vida.

Larisa termina de amar su próxima exposición, apoyada por Ricardo, quien en el fondo no comprende como su hija puede amar el arte que no le genera ningun ingreso. Contrario a él es Nina, quien no deja de insistir a su hija que se comporte como una chica de su estatus y se olvide de pintar y fotografiar gente vulgar y corriente que es distinta a ellos. La muchacha pregunta a sus padres porqué entonces desean casarla con Pablo, el cual no es más que un simple ranchero. Nina confiesa estar segura de que en tantos años trabajando su pequeño rancho, los Quintero seguramente han hecho una enorme fortuna que esconden muy bien y de la cual ellos se pueden adueñar. Ricardo apoya a su mujer, mientras que Larisa lamenta que sus padres solo deseen seguirse enriqueciendo a expensas de los demás, pues ambos son los administradores de los bonos de la cruz roja local, misma a la que durante años han robado dinero que guardan en efectivo en maletas que esconden en el sótano de su casa.

Al despertar, Bruno enciende la televisión y se aterra al enterarse en los noticieros de la muerte de Isabella. Asustado, recuerda el incidente con el asesino y decide hacer una maleta para salir. Alguien llama a su puerta y no responde quien es. Se asusta. Al abrir se tranquiliza al ver a Guzmán, quien le da los detalles de la muerte de la representante. Bruno confiesa haber estado con ella y también haberse topado con el asesino, el cuál lo persiguió y al cual intentó descubrirle el rostro sin poder hacerlo. Rinde una declaración y pide a Guzmán que le sea brindada protección. El investigador le propone que regrese a la finca de sus padres un tiempo mientras él, por su seguridad, intenta despistar al asesino. Bruno abandona la ciudad y viaja al lugar de su infancia. Debido a ello que se informa a los medios que Bruno De Maris ha viajado al extranjero para ser protegido.

Enedina pelea en los corrales de su rancho con Maripepa, una loca que deambula por todo Villa Solana y que en un principio la anciana alimentaba pero ahora solo la ahuyenta pues la loca solo le roba comida de los corrales y los huertos. Enedina se pregunta de donde habrá salido esa mujer, la cual un día simplemente se apareció y nunca se fue.

Bruno se instala en la finca lleno de temor y acude al lugar en que encontraron enterrada el arma homicida con la que asesinaron a sus padres. David le pide que no se atormente más pero el hombre está demasiado afectado con la repentina aparición del asesino y la muerte de Isabella. Toma una ducha y llora por los términos en los que acabó con Isabella. Recibe una llamada de Adirane, quien le pide que le diga donde está para que lo alcance. Él le asegura querer estar solo y le pide que por su propia seguridad no lo contacte pues sus llamadas podrían ser rastreadas. Se asusta al ver dentro de su casa a Caleb, un sensual y corpulento hombre joven que le anuncia que estará a su cuidado, para protegerlo, así como para servirle en todo cuanto se le ofrezca en los servicios de la finca. Bruno intenta negarse pero aparece el teniente Méndez, quien le asegura haber hablado con Guzmán y estar al tanto de la protección que necesita. El teniente pide a Caleb que se mantenga atento pues Bruno es un protegido y único testigo que puede reconocer al asesino que buscan desde hace muchos años. Esa misma noche Bruno toca el piano de la finca hasta sentirse cansado. Al despertar Caleb lo sorprende con un desayuno hecho por Simona, una linda sirvienta que se pone al servicio del músico y de inmediato se encarga de limpiar el lugar, ayudada por el mismo Caleb, quien coquetea con ella.

Larisa se entera de la llegada de Bruno y se lo hace saber a sus padres, para correr a visitarlo y pedirle que den un paseo. Lo hacen y el muchacho visita las tumbas de sus padres para luego aterrarse cuando ante ellos aparece Maripepa, quien intenta acariciarlo y lo hace de la misma manera en que al hombre una vez lo acarició su madre. Larisa ahuyenta a la mujer para luego asegurar al hombre que aunque está loca es inofensiva. Lo lleva a un mercado de artesanías, donde ella toma fotografías de algunos objetos, principalmente de una medalla con un extraño signo.

Nina cuenta a Enedina sobre la llegada de Bruno De Maris a la finca y del nuevo asesinato provocado por el mismo hombre que asesinó a sus padres y en el cual el hijo de la anciana estuvo involucrado. Enedina ignora las palabras de la mujer, quien le pide que de a Pablo el recado de que está invitado a cenar a su casa. Dura, Enedina le deja claro a la mujer saber cuales son sus intenciones y le asegura que ni ella ni su nieto tienen el dinero que todos en el pueblo piensan y que, si lo tuvieran, de cualquier forma ella jamás aceptaría que su único nieto se una a una loca casquivana como Larisa. Ofendida, Nina recuerda a la mujer que Pablo es el hijo de un criminal y que por eso nadie en el pueblo se les acerca, pues los han marginado tras lo que sucedió hace muchos años.

Ricardo habla con Méndez, quien se niega a informarle de la situación de Bruno, al que el mismo Ricardo cree responsable de la muerte de su representante y aparentar ser una víctima para que no lo encarcelen. Méndez asegura al hombre que un día su enorme lengua lo meterá en problemas

Nina recorre las tierras de la finca y descubre un cadáver enterrado. Llena de horror, regresa a la hacienda y le cuenta a Bruno lo que sucede. Este decide que hablará con la policía y la manda a hacer unas compras. La muchacha se encuentra con Maripepa, a la que le revela lo que descubrió. La inocente sirvienta no se da cuenta de que está siendo espiada por el asesino, mismo que acorrala a Mariapepa, la cuál corre y pide ayuda tocando a la puerta de los Quintero. Enedina la deja pasar y ésta le dice que un hombre la ha perseguido, mismo al que ella llama el ángel de las tinieblas. Enedina cree que todo es producto de la imaginación de la mujer pero de pronto escuchan ruidos a las afueras de la casa. La anciana toma un rifle y llama a Pablo, al que dice lo que sucede. El chico se dirige a casa y en efecto ve al asesino, el cual huye. Dan parte a la policía y Méndez inspecciona el lugar sin encontrar nada extraño por lo que cree que todo se debe a las fantasías de Maripepa. Enedina y Pablo aseguran que ellos vieron a alguien pero no lograron identificarlo.

Larisa visita a Bruno y accidentalmente ambos se besan. Invadidos por una fuerte pasión, hacen el amor.

Pablo descubre a Enedina mirando fotografías de su madre. La mujer maldice a Félix por haber abandonado a su familia, deseando que el hombre esté muerto y así haya pagado el daño que les hizo. Pablo confiesa sentir que su padre nunca regreserá y a él tampoco le hizo falta, pues era un niño cuando éste se fue. Enedina ofende al muchacho y le reprocha el haberse tenido que hacer cargo de él siendo ya una mujer mayor para criar a un niño.

En presencia de Caleb, Bruno comunica a Guzmán el hallazgo encontrado por Simona, a quien el guardián pide que lo lleve hasta el lugar donde encontró el cadáver. Simona se impresiona al descubirir que ya no se encuentra en el mismo lugar por lo que Caleb cree que todo fue una fantasía suya. La sirvienta jura que vio una mano en descomposición. Al regresar a casa Caleb cuenta todo a Bruno, quien cree que se encuentran en peligro, sin embargo el guardián asegura que todo se ha tratado de una falsa alarma.

Larisa revela las fotos y se siente atraída a la del signo en un prendedor Cree que sería un tatuaje digno de grabarse en la piel. Acude a Jordán, un tatuador que se sorprende ante la imagen y le saca una fotocopia, seguro de que ese tatuaje lo ha trazado en otra piel, años atrás. Intrigado, aconseja a la chica que se haga otro tatuaje si no conoce el significado de lo que desea pintar sobre su cuerpo pero ella insiste en que justo ese signo el que desea llevar en su piel, de por vida.

Tras hacer el aseo y besuquearse con Caleb, Simona descubre en el camino unas botas sucias, llenas de lodo. Indaga y se da cuenta de que también hay una pala llena de tierra. La muchacha, neviosa, decide indagar dentro de la casa y compara el tamaño de las botas con el calzado de Caleb y Bruno, quienes se encuentran ausentes. Descubre que los tamaños no coinciden y decide dejarlas donde las encontró, sin percatarse de que está siendo acechada. Cuando Bruno y Caleb regresan, se porta de manera nerviosa. Se disculpa y sale, sorprendiéndose de que ni las botas ni la pala estén donde las había visto. Cuando se encuentra con Pablo, le cuenta lo que le está sucediendo y cree estarse volviendo loca.

Adirane está harta de buscar a Bruno sin que éste le responda las llamadas. Habla con David y le pide que le diga qué es lo que sucede. Éste le aconseja que se olvide de su amigo pues podría resultar lastimada. Adirane sospecha que su hombre tiene otra mujer y se encuentra en Villa Solana, por lo que toma un vuelo para dirigirse al lugar, donde se encuentra con el mismo David, a quien exige que la lleve a la finca pero éste se niega y acepta que Bruno ha comenzado una relación con alguien más.

Mientras duerme, Bruno nota la presencia de alguien en su habitación, husmeando entre sus cosas. Abre bien los ojos y se da cuenta de que es el asesino. Los cierra, creyendo que todo es producto de su imaginación. Al abrirlos, descubre que no hay nadie. Se asusta cuando ve entrar a Caleb, quien le pregunta si se encuentra bien. Al percatarse de que no hay peligro, regresa a su cama, donde le espera Simona, a la que le hace el amor mientras el asesino los espía por un orificio.

Bruno acude a la nueva exposición de Larisa, a quien besa y felicita por el hermoso trabajo pictórico y fotográfico que ha realizado. Él toca el piano para los presentes y se sorprende con la llegada de David y Adirane, quien le reprocha el haberla abandonado para revolcarse con una pueblerina insignificante. Bruno le pide perdón y le confiesa no haberla amado nunca y haber seguido con ella por no encontrar las palabras para pedirle que no lo hostigara más con su insistencia en que se hicieran novios o se casaran, por temor a lastimarla. La resentida Adirane se desquita con Larisa, a quien ofende gravemente paara luego marcharse. Bruno consuela a su novia, a la que asegura que Adirane es buena pero se niega a aceptar que él no puede amarla aunque más de una vez lo haya intentado. El artista se aterra cuando Larisa lo lleva a un lugar privado y le muestra una sorpresa: Se ha tatuado un signo en un costado de su cuerpo. El hombre recuerda el tatuaje en el brazo del que fue su asesino y exige a la chica que le diga de donde sacó esa imagen. Ella le asegura haberla fotografiado en un dige del mercado y haber recurrido a un artista para que se lo tatuara. Él se disculpa y le confiesa que ese es el mismo tatuaje que llevaba en el brazo el asesino de sus padres.

Jordán analiza la fotocopia del tatuaje de Larisa y luego busca entre sus dibujos viejos. Se sorprende al descubrir que en efecto hace muchos años realizó el mismo tatuaje aunque no recuerda a quien. Busca en viejas fotos y descubre un viejo recorte de un periódico, para luego buscar en la internet y descubrir que se busca un asesino con ese mismo tatuaje en el brazo. Entonces decide buscar entre las fotos tomadas por él mismo a sus clientes y se sorprende al descubrir la identidad del portador de ese tatuaje. Toma el teléfono para llamar a la policía pero a sus espaldas se encuentra el asesino, el cuál lo apuñala para después robarle toda su información.

Adirane sufre por el rechazo de Bruno y entonces David le confiesa su amor. Ella le asegura que aunque quisiera amarlo no puede pues es totalmente diferente a su amigo. David se atreve a besarla y le hace ver que si en todos los hombres buscará el rostro y fama de Bruno entonces terminará quedándose completamente sola.

Durante la noche Bruno descubre que a lo lejos de la finca hay un hombre extraño. Se da cuenta de que es el asesino que lo acecha y da aviso a Caleb. Los dos salen armados, en busca del forajido, quien penetra en la finca y registra entre las cosas de Bruno. Es descubierto por Simona, quien pega un grito desgarrador al ver al asesino con las botas y la pala que ella vio. Es golpeada brutalmente con el instrumento. Cuando Bruno y Caleb regresan al interior del lugar se impactan al ver a la muchacha muerta. Pronto llega la policía y Méndez aconseja a Bruno que en realidad se marche al extranjero pero éste está dispuesto a encontrar al asesino a como de lugar. Se une cada vez más a Larisa, quien junto con David le brinda apoyo y pronto comienzan un romance en el que se entregan mutuamente.

Guzmán llega a Villa Solana y muestra a Méndez toda la información detallada de Félix Quintana, quien no ha dado señales de vida en muchos años y del cual no hay registros en ninguna parte, como si el hombre hubiera cambiado su identidad. Se sorprende cuando el teniente le hace saber que el asesino se encuentra en el pueblo, atacó a una mujer y probablemente al tatuador. Ambos deciden hacer una ronda al rededor de la finca, donde sorprenden a Bruno y Larisa disfrutando la intensidad de su amor. Avisan al hombre que junto con Caleb harán guardia por su seguridad y la de los suyos.

JUNIO 2014. Nina y Ricardo comienzan la recaudación de fondos para la cruz roja, obteniendo excelentes resultados y robando dinero. Cuentan todo lo que han guardado durante años y llenos de felicidad se abrazan pues tienes tanto como para vivir sin problemas el resto de sus vidas e incluso las de su hija y sus nietos. Nina cree que después de todo el romance entre Larisa y Bruno les conviene pues el músico posee demasiado dinero, por ello cuando Pablo acude a su casa para regalarle unas frutas lo desprecia y le pide que no se vuelva a acercar a su familia y mucho menos a su hija, la cual se casará con alguien de su abolengo. Pablo se topa entonces con Maripepa, quien le asegura que el ángel de las tinieblas está rondando el pueblo y pronto los eliminará a todos. Pablo la toma de las manos y confiesa sentir a veces que ella es su madre y perdió la razón, y otras veces creer que vive perdida en su mente mientras encuentra el lugar al que pertenece. Ven salir de casa a Ricardo y Nina y se alejan. Nadie se percata de que el asesino ha entrado al lugar y registra entre las cosas de Larisa.

Adirane acude al mercado y en un puesto se siente atraída por el prendedor con la imagen del tatuaje. Pregunta a Mauri, el vendedor, por la historia de ese amuleto y aparece Maripepa, quien asegura que la joya es suya y no la pueden vender. Mauri ríe y asegura a Adirane que precisamente la loca fue quien se la entregó a cambio de dinero que prometió pagar y no ha podido juntar. Al saber la cantidad, Adirane decide saldar la cuenta para que Maripepa tenga de vuelta su joya. La loca, feliz, se la pone y la presume con la gente, misma que le aplaude y le dice ser muy bonita. La loca acude a Enedina para presumirle y la vieja la acusa de ser una ladrona, exigiéndole que le diga de donde ha sacado la joya. Maripepa jura que es suya pero la anciana no le cree y se la quita, causándole una enorme tristeza que hace que la loca acuda a Pablo para acusarse, mientras Enedina  verifica que la prenda sea auténtica. Al descubrir que es una pieza muy fina decide guardarla, aunque asegura haberla visto antes en algún lugar. Pablo llega y le exige que devuelva a Maripepa lo que le pertenece pero la vieja asegura no tenr nada. La loca entonces corre hacia la finca De Maris y es sorprendida por Caleb, a quien le dice que le han robado algo que le pertenece. Éste acude a Pablo y Enedina, quien jura al guardián que la loca miente pues ella no le ha quitado absolutamente nada.

Ricardo habla con Bruno y le deja claro que a él le interesa que éste sea el marido de su hija pues es un hombre adinerado y perteneciente a una descendencia de la mejor aristocracia del país. Nina apoya a su marido y trata de acorralar al músico para que les de una fecha de boda con su hija, la cual aparece y les revela que alguien ha estado esculcando entre sus cosas. Al estar a solas con Bruno, éste le revela que en sus planes no está casarse nunca, pero si ella desea estar a su lado lo puede hacer. Ambos juegan y ella intenta arrancarle la playera, situación que molesta al hombre tanto que reacciona agresivamente, asustando a su novia, la cual se disculpa. Bruno camina por el pueblo y visita a David, a quien asegura estar harto de la situación y desear regresar a la ciudad y volver a dar conciertos. Acude a casa y toca el piano desgarradoramente. De pronto siente la presencia de alguien y decide indagar. Ve al asesino y lo persigue pero éste desaparece repentinamente. Bruno jura que un día lo atrapará y le hará pagar el daño que le hizo a su familia.

Alguien encuentra flotando un cuerpo en descomposición a las afueras del pueblo y da parte a la policía. Guzmán y Méndez se asombran al descubrir que el cuerpo encontrado es de Félix Rojo, por lo que dan la noticia a su familia, asegurando que es posible que el hombre no haya sido cómplice del asesinato del matrimonio De Maris y también haya sido asesinado en la masacre. Cuando hablan con Caleb de ésto, el guardián recuerda que Simona le dijo haber encontrado un cuerpo cerca de la finca y luego haber descubierto que lo habían retirado de la fosa en que se encontraba. Se lo cuenta a sus compañeros y los hombres creen que el asesino quizás esté jugando con ellos.

Adirane no deja de pensar en la joya de Maripepa y decide salir en busca de la mujer, quien le revela que se la han robado. Adirane le pide que le diga quién se la regaló o de qué manera llegó a sus manos. La loca revela que la prenda ha sido de su familia durante años, y, como una niña feliz, presume ser una dama de linaje. Adirane lamenta que la mujer esté sola y no tenga familia. Decide ayudarla y reclama a Enedina la joya asegurando que registrará su casa, si es necesario, con tal de que el prendedor le sea devuelta a su dueña. La dura Enedina entonces amenaza a la mujr con su escopeta y le jura que si no sale de su propiedad le disparará. Adirane se marcha y luego habla con David de la ternura que Maripepa le causa, así como sus deseos de ayudarla. David asegura no conocer a la loca a pesar de haber regresado al pueblo hace algunos años. Ambos acuden a Mauri, quien les dice que la mujer siempre ha vagado en el campo, escondida, mostrándose únicamente cuando tiene hambre, recibiendo el rechazo de todos, por las cosas que dice, pues siempre ha creído que quieren hacerle daño. Adirane decide en ese momento que ayudará a la mujer, aunque David le advierte que puede meterse en problemas.

Guzmán ata cabos y cree que las muertes en el pueblo han ocurrido por algo en común: Los fallecidos conocían la identidad del asesino y tenían información para descubrirlo. Habla con Larisa, a quien muestra un dibujo del tatuaje en el brazo del hombre al que busca. Ella con vergüenza le dice saber de qué se trata todo pues ella misma se hizo el mismo tatuaje al costado del cuerpo. Revela que Jordán se sorprendió mucho al ver la imagen que ella le mostró de ese tatuaje, la cuál fotografió de un prendedor del mercado y que pudo darse cuenta de que el hombre fotocopió la imagen. Guzmán entonces deduce que el tatuador conocía la identidad del asesino y decide entrevistar a otros tatuadores, mostrándole el dibujo y una foto del tatuaje de la misma Larisa, pero no logra obtener nada con los artistas locales.

David recuerda su adolescencia y como sus padres siempre lo menospreciaron por no ser igual al exitoso Bruno. Ante un espejo, el hombre asegura odiar en el fondo a su amigo, el cual siempre le arrebató todo.

Bruno sufre una fuerte sorpresa al enterarse de la aparición del cuerpo de Félix, mismo al que Pablo y Enedina velan. Todo el pueblo acude y Enedina les reclama el acercarse ahora que saben que el hombre era inocente de lo que siempre lo culparon pero haberlos rechazado a ella y su nieto cuando más necesitaron de apoyo, de una mano amiga o de algún favor, negándose hasta a comprarles las legumbres de sus huertos. Recibe a Bruno, quien le da el pésame y asegura tanto a ella como a Pablo acompañarlos y entender su dolor. La anciana se da cuenta de que Maripepa se ha metido a su casa en busca de algo por lo que acude a pelear con ella. Ambas desean el prendedor que la loca ha encontrado y la policía interviene y pregunta de donde han sacado esa joya. Maripepa asegura que es suya pero Enedina lo niega y jura que ese prendedor le pertenece a ella. La loca se abalanza contra la anciana y la policía la detiene. Cuando la loca y Bruno se ven frente a frente, los dos se aterran y ella, desesperada, grita desgarradoramente hasta convulsionarse, por lo que es llevada a la cruz roja, donde pierde el conocimiento, mientras que Bruno revela a todos no entender porqué la mujer se aterró al verlo. Al estar a solas con Larisa, está le confiesa haberse dado cuenta de que él también se aterró ante la presencia de la mujer. Le pide que le diga si la conoce o si llegó a conocerla en su niñez. Él lo niega todo y pide a Larisa que se marche de su casa y lo deje solo para pensar. Caleb se ofrece a llevar a la chica a su casa y ella se niega pues prefiere hacerlo caminando. En el rumbo es acechada por el asesino, quien intenta atacarla pero la mujer logra escapar y corre, siendo perseguida. En el camino nota que se acerca una patrulla y la detiene. Es Méndez, a quien le dice lo que acaba de ocurrir. El hombre le pide que suba y recorre los lugares cercanos en busca del asesino. Nota unos arbustos moviéndose y desciende de la patrulla. En un descuido es sorprendido por el asesino, el cual lo intenta ahorcar con una soga pero el policía se resiste y toma su arma para dispararle. No lo logra pues el asesino es ágil y fuerte y le arrebata la pistola, misma con la que lo golpea fuertemente en la cabeza, hasta matarlo para entonces aparecer frente a la patrulla, dispuesto a matar a Larisa, quien lo arrolla con la unidad y escapa hasta llegar a la comisaría y pedir ayuda a Guzmán, quien llama a Caleb y le pide que de inmediato se presente. Lo pone al cuidado de Larisa y sale directo a la finca De Maris, donde informa a Bruno lo que ha ocurrido. Este desea ver a su novia pero el investigador le pide que espere pues la chica se encuentra exaltada.

Adirane no se separa de Maripepa, a la que promete que ayudará a recuperar su vida, pues en el fondo se identifica con ella y también se siente perdida. De pronto aparece David, a quien la mujer le dice estar preocupada por la loca. Este decide conocerla al fin y se impresiona al verla. Sale del lugar y dentro de su auto llora. Llega a casa y observa una foto de él y Bruno. La toma y lleno de odio revela detestar a su amigo con todas sus fuerzas.

Al marcharse el policía de la finca, Bruno llama por teléfono a casa de David pero nadie le responde. Escucha ruidos y toma un cuchillo, dispuesto a defenderse. Ve a alguien acercarse a su casa, con ropas similares a las del asesino. Intenta atacarle pero se sorprende ante la reacción de la persona, que es David, el cual, asustado, le pregunta qué es lo que sucede. Bruno le revela que Méndez está muerto y que su vida cada vez corre más peligro. David le da un abrazo y le jura que todo estará bien. Llora y de su ropa extrae una pistola. Pide perdón a Bruno por guardarle tanto resentimiento. Ambos forcejean y hasta el rancho de los Quintana se escucha un disparo. Pablo desea ir a investigar pero Enedina se lo prohíbe, pues cree que algo extraño está pasando.

Caleb recibe una llamada de Bruno, quien le informa que ha encontrado al asesino. El guardián da aviso a Guzmán. Ambos acuden a la finca y Bruno les explica como David se presentó y le pidió perdón por odiarlo para después intentar atacarlo. David aún se encuentra vivo pero se desangra, tiembla. Intenta decir algo pero Guzmán le aconseja que calle y espere hasta rendir su declaración. Bruno acude a declarar al ministerio, donde se encuentra con Larisa, a la que abraza, llorando desesperadamente, pues jamás se espero que fuera su propio amigo el que quisiera hacerle daño.

En el hospital, Adirane se entera de lo sucedido a David y exige verlo pero la policía no se lo permite pues el hombre es un presunto homicida. Adirane mira desde lo lejos a doctores desnudando al herido. Se sorprende cuando escucha con insistencia a Guzmán permiso para revisar los brazos del hombre. Guzmán enfurece y dice a Caleb que David no tiene ningún tatuaje, por lo que no puede ser la persona que buscan. Es por ello que el detective toma el prendedor de Maripepa y busca en el mercado a alguien que lo reconozca. Se lo muestra a Mauri, a quien le muestra la foto del tatuaje del asesino, mismo que eliminó a Jordán por conocer su identidad. Mauri mira las imágenes de lo que Guzmán busca y le aconseja que visite a “El gitano” un viejo artista retirado que fue maestro de Jordán en la tinta y tatuaje, el cual vive en un pueblo cercano, alejado del mundo. Se entrevista con el hombre, quien asegura que él en realidad hizo un tatuaje como el que está buscando pero no recuerda a la mujer a la que se lo hizo. Guzmán se asombra y pide al gitano que se fije bien y recuerde si no fue un hombre al que realizó ese tatuaje. El gitano está seguro y al ver el prendedor se ríe del detective, pues aunque el tatuaje parece igual a una imagen incrustada en la joja, no son la misma, pues la imagen en la joya es una imagen que hace alusión a uno de los escudos de la música y que en el tatuaje que él busca éste no tiene ese elemento.

Se descubre que Nina y Ricardo han cometido fraude en la recaudación de fondos por lo que su casa es cateada sin que se encuentre nada. La fundación los echa y les niega el acceso a sus reuniones. El matrimonio, lleno de vergüenza, se esconde en su casa, felices de que no hayan descubierto las maletas con dinero en el sótano. Las buscan y descubren que no las tienen. Preocupados, llaman a Larisa, a quien preguntan si ella sabe algo. La chica ignora de qué hablan sus padres. Nina y Ricardo sufren al saberse en la ruina y hundidos en la vergüenza.

Adirane intenta hablar con David pero es sorprendida por Caleb, quien no se lo permite. La mujer insiste tanto que el guardián le da unos minutos. Aterrado, David se aferra a la mujer y le repite constantemente “El tatuaje”, para después morir con un beso en los labios de la mujer a la que siempre ha amado.

Maripepa recibe una visita del asesino, quien la toma de la mano. La mujer despierta y lo reconoce. Se horroriza por su presencia pero éste no hace más que acariciar su mano. Al irse el forajido, ella decide abandonar el hospital sin que nadie se de cuenta.

Guzmán recibe los informes sobre la muerte de Félix y descubre que tras el impacto de bala en el pecho, el hombre fue enterrado aún estando con vida.

Bruno siente temor y culpa. Lamenta que David lo odiara siempre. Hace una maleta decidido a abandonar la finca para siempre. Por una ventana se da cuenta de que Eleonora husmea en su propiedad. Acude a ella para preguntarle qué desea. La mujer revela estar muy confundida por la aparición del cuerpo de su yerno, el cuál fue buscado durante mucho tiempo y muchas veces en el lugar donde lo encontraron y nadie dio con él. Se pregunta si alguien lo habrá tenido oculto y se le haya ocurrido darlo a conocer hasta ahora. Bruno llora y asegura que Félix fue un gran empleado de su familia, aunque haya traicionado la confianza de su padre. Intrigada, la anciana pregunta al muchacho si él sabía de la enorme cercanía entre el hombre y su madre. Le pregunta si aún recuerda a esa madre. Bruno responde que no. Enedina no le cree y revela estar segura de que él no ha olvidado a la mujer que le dio la vida, por eso se aterró tanto cuando se la encontró frente a frente en el funeral de Félix. Bruno insiste en que su madre está muerta pero Enedina le asegura que se equivoca y al volver a casa se encuentra con Adirane, a la que corre. Esta le suplica que le regale unos minutos y le pregunta si Félix tenía alguna seña particular. Enedina recuerda que el hombre siempre le desagradó por ordinario y vulgar, a demás de pasearse sin ropa por el campo, dejando a la vista un tatuaje que se había hecho en el brazo. Adirane le muestra un dibujo y le pregunta si ese era el tatuaje del hombre. Enedinalo reconoce y pregunta a la muchacha porqué se ha interesado repentinamente en el difunto. Adirane pregunta si el prendedor que Maripepa había guardado tan celosamente en realidad perteneció a la vieja Enedina o a su hija. Enedina calla. Se niega a hablar de ello. Al final revela que no, y que ese prendedor es una joya en la que su yerno gastó absolutamente todo su dinero para mandarla a hacer, casi idéntica al tatuaje que él se hizo en el brazo, agregándole una insignia musical en honor al fruto de su aventura extra marital con su patrona, Ana Maria De Maris. Adirane enmudece al hilarlo todo y Enedina se lo confirma: Bruno de Maris es el hijo ilegítimo de Ana María y su criado, Félix, así como revela odiar tanto a esa mujer, a la que siempre culpó del sufrimiento de su hija, que por eso durante los últimos años se ha negado a tenderle una mano, a pesar de que la pobre no sabe ni como se llama ni recuerda quién fue. Se descubre entonces que esa mujer es Maripepa.

Larisa visita a Bruno y al no tener respuesta de su parte, se introduce en la finca. Escucha que el hombre se está bañando y decide sorprenderlo. Entra al baño y se asombra al verlo de espaldas. Decide salir sin que él note su presencia y lo espera en otro lugar, donde lo cuestiona sobre su infancia y su juventud. Dan un paseo y ella nuevamente intenta quitarle la ropa. Él se niega. Ella entonces le pregunta porqué siempre ha evitado que le vea la espalda, incluso cuando hacen el amor. Él no contesta y se asombra cuando ella le dice saber que tiene un tatuaje casi idéntico al de ella. El mismo tatuaje del asesino de sus padres.

El gitano mira fotos de viejos tatuajes y entre ellas descubre uno singular que envía a Guzmán vía e-mail y lo llama por teléfono. Le asegura que el tatuaje que busca no es el de un brazo, si no el de una espalda baja y que lo realizó Jordán hace algunos años, mismo al que luego retocó agregando un signo con una rosa simulando una clave de sol. Revela también que quien se lo realizó era un hombre joven que incluso dio consejos al tatuador de como tocar el piano. Guzmán se estremece y alarmado apresura a Caleb para que acudan a la finca De Maris.

Bruno discute con Larisa sobre las razones que tuvo para tatuarse. De pronto ve a lo lejos al asesino y toma a la muchacha de la mano pidiéndole que corran pues corren peligro. Se encierran en la finca y llama por teléfono a Guzmán pero éste no responde. Bruno se encierra en el baño para lavarse la cara. Al erguirse y mirarse al espejo se ve a si mismo con la ropa del asesino y el tatuaje en el brazo. Nervioso, se mira a si mismo y descubre que porta esa ropa. Desesperado, recuerda como al salir del hospicio en que vivió hasta cumplir la mayoría de edad volvió a su pueblo y decidió tatuarse la imagen del prendedor de su madre. Recuerda lo furioso que estaba con Isabella cuando en un arranque decidió matarla para regresar a Villa Solana y matar a jordán al descubrir que él podría dar pistas a la policía. Lo mismo que hizo con Simona, cuando ésta descubrió el cadáver de Félix y las botas llenas de lodo. Sale del baño, busca a Larisa pero ésta se ha ido. La alcanza pero ésta corre y le pide que la deje pues no quiere hablar con él. Se detiene y se sorprende al verlo vestido de negro. Le pregunta qué hace vestido así y él con llanto le pide que no lo rechace pues desea casarse con ella y formar la familia que él no pudo tener.

Larisa descubre que Bruno es el asesino e intenta escapar pero el la jala, obligándola a quedarse a su lado. Aparece Enedina con un rifle con el que lo amenaza. Él suelta a Larisa, a quien la anciana hace señas para que escape y así entonces enfrentar al músico, al que confiesa haberlo estado vigilando desde que llegó, como una sombra. Bruno entonces descubre que las veces que creyó ver al asesino rondándolo siempre se trato de la anciana, quien le dice saber de sus crímenes, los cuales descubrió al verlo desenterrar el cuerpo de Félix, mismo que arrojó a las afueras de la ciudad, sobre el agua, seguro de que nadie buscaría allí, pero la anciana dio parte a la policía. Revela saberlo absolutamente todo, así como las mentiras creadas en la mente del muchacho, quien en realidad no asesinó a su madre, si no a la verdadera esposa de Félix, hija de la misma Enedina. La mente de Bruno da vueltas en ese momento y recuerda con claridad las cosas sucedidas en el pasado, cuando descubrió la relación entre Félix y su madre, al verlos fornicar. Recuerda a los hombres acercándose a la hacienda, dando a su padre, Rafael, una nota en la que éste descubrió quién había mandado a hacer el prendedor que su mujer lucía orgullosamente. Uno de esos hombres era el gitano. Tras discutir con su padre, el joven Bruno decide acabar con la vida de éste y es descubierto por Cecilia, la esposa de Félix, quien al enterarse de los amoríos entre su marido y la patrona acudió a verificar que fuera cierto, descubriéndolos en la cama. Tras matarla, Bruno se dirigió a la habitación de su madre, donde la encontró fornicando con Félix, al que disparó, mientras la mujer cayó al suelo, como muerta, por lo que el chico asimiló que había perdido la vida para después arrastrar a Félix hasta el lugar donde lo enterró, aún con vida, para luego dar parte a las autoridades, contando sucesos creados solo en su imaginación.

Larisa se topa con Guzmán y Caleb, a quienes dice que Bruno es el asesino que buscan.
Enedina revela a Bruno que éste nunca se percató de que su madre no había muerto y que ésta huyó del lugar del crimen, enloquecida, escondiéndose en el campo durante días, semanas, meses, hasta que el hambre la hizo acudir a las calles para pedir comida y hasta limosna, siendo tratada como una loca. El hombre llora y asegura que siempre supo que su madre estaba desaparecida, mas creyó que se encontraba bien, lejos de su alcance y del pasado. Intenta atacar a la anciana pero es detenido por Caleb y Guzmán, quienes le apuntan y le piden que se entregue pues ya saben que él es el asesino. Él logra escapar sin que los policías logren atinar sus disparos. Es la vieja Catalina quien, cautelosa, le apunta y logra herirlo en la espalda, pero aún así él es fuerte y escapa para encerrarse en la finca, donde se encuentra cara a cara con Mariapepa, su madre, a la que con llanto le pide perdón y le suplica que nunca más lo vuelva a abandonar, ni lo deje de querer. Ella, en su locura, lo arrulla en sus brazos para luego clavarle un puñal en la espalda. Se aferra a él, le canta una canción de cuna mientras llora. Bruno entonces se da cuenta de que el interior de la finca está bañado en gasolina. Maripepa lo abraza fuerte, tan fuerte como para protegerlo y entonces prende un cerillo que deja caer al suelo, tornándose todo fuego, consumiéndose entre las llamas el pasado. Larisa, Enedina, Guzmán y Caleb llegan demasiado tarde y lamentan que todo hubiera terminado mal.

Días después, entre el escombro del incendio, Guzmán encuentra el prendedor. Se lo entrega a Catalina, quien pide al policía que Pablo nunca sepa la verdad sobre la muerte de su madre, pues siempre ha creído que la mujer murió al nacer él.

Adirane ha regresado a la ciudad, donde es víctima de la prensa, misma que le hace preguntas sobre el pasado del concertista Bruno De Maris, a quien ella solo desea olvidar.

Enedina y Pablo comienzan a ser aceptados lentamente en su comunidad. El chico no deja de visitar a Larisa, quien sufre por el recuerdo de Bruno, al que amó intensamente desde el primer momento. Acepta ser los cortejos de Pablo, a quien pide tiempo para amarlo. Él logra besarla sin que ella lo rechace.

Caleb se queda a cargo de la comandancia de Villa Solana cuando Guzmán vuelve a la ciudad a continuar con sus investigaciones. Visita las ruinas de la finca De Maris y al dar un paseo por sus jardines, nota una presencia. Voltea la mirada y a lo lejos ve al asesino.




FIN











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(R) 1996 (P) 2014












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